Con otro aire. Vinos de Toledo.
Hace pocos años hablar de vinos españoles era hablar de La Rioja, Ribera del Duero y poco más. Actualmente se cuentan más de 60 denominaciones de origen en todo el país que van a más como Priorat, Montsant o Somontano. Aunque cada bodega tiene su personalidad, todas coinciden en su producción contenida y en el gusto por la búsqueda de nuevos sabores.
La cuadrícula perfecta de los campos de olivos y las amplias dehesas salpicadas de encinas ganan terreno a las urbanizaciones que rodean Madrid a medida que nos alejamos del aeródromo de Cuatro Vientos. En el horizonte, los montes de Toledo y la inconfundible silueta del alcázar, a dos horas en coche pero a penas a veinte minutos en helicóptero. Son las ventajas de viajar en línea recta. Andrés Ardid, director general de Lavinia en España, permanece atento, intentando localizar las viñas camufladas entre bosques y dehesas. Él es el responsable de esta aventura, fiel a esa filosofía que propone una aproximación distinta al vino, más cultural que consumista. ¿Y que más inusual que conocer las bodegas desde el aire antes de pasar a la cata?
Cuando hace unos años se hablaba de vinos españoles, las regiones que venían a la cabeza eran La Rioja, Ribera del Duero y poco más. Hoy en día se cuentan más de 60 denominaciones de origen en todo el país, con nombres que van a más, como Priorat, Montsant o Somontano. Antes, las bodegas industriales embotellaban en cantidad vinos de mucha salida, aptos para mezclar con gaseosa. Las nuevas tendencias apuntan hacia caldos de alta gama, con una historia detrás: “Es el caso de los pagos que sobrevolamos –comenta Ardid-, donde cada etiqueta corresponde a un único viñedo, no muy extenso y muy cuidado”. Grandes Pagos de España es la asociación que agrupa a buena parte de estos productores de vinos mimados, con firma. En el área delimitada por la fosa del Tajo y la depresión del Guardiana cabe citar a Carlos Falcó, marqués de Griñón, pero también Alfonso Cortina, Marcial Gómez Sequeiro…
Los montes de Toledo son un espacio natural privilegiado, como certifica la presencia del parque nacional de Cabañeros. Por eso sorprende que donde antes sólo había cotos para cazar el ciervo y el jabalí, ahora crezcan vides según el método Smart-Dyson. Éste consiste en dividir los pámpanos, dirigiendo la mitad de los pulgares hacia arriba y la otra mitad hacia abajo, formando una vertical sobre la espaldera, de modo que el sol llega por todos lados y estresa la planta. El resultado es una uva pequeña pero poderosa, que tratada como conviene de vinos jóvenes capaces de enfrentarse a los pujantes caldos chilenos y australianos, e incluso a algunos franceses.
Una vez en tierra, cada bodega exhibe su personalidad, aunque todas coinciden en su producción contenida y en el gusto por la búsqueda de nuevos sabores. Así, además de uva cabernet de sauvignon y merlot, encontramos la negra petit verdot, la blanca viognier y la mitica syrah, introducida en España por el marqués de Griñón. El lagar de su Pago de Valdepusa fue inaugurado en 1995 por el príncipe Felipe y los duques de Lugo pisando uva: “Si a alguien no le gusta el sabor de aquella añada, ya sabe porqué”, bromea Carlos Falcó.
Fuente:
La Vanguardia. Estilos de Vida 29/12/2007
Por: Joseph M. Palau Riberaygua
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