El Café y la Salud
El café es consumido en gran medida no sólo por su sabor, sino por los efectos que tiene en los consumidores; el grano de café en sí mismo contiene sustancias químicas que son estimulantes para las personas. Veamos algunos de los beneficios o riesgos que su ingesta puede producir en la salud de nuestro organismo.
La cafeína es una sustancia que proporciona una serie de efectos estimulantes, que dependerán en mayor o menor medida de las características individuales de cada persona:
Disminuye la sensación de fatiga y somnolencia.
Aumenta la capacidad de procesamiento mental.
Aumenta el riego coronario y ejerce una acción vasodilatadora.
Estimula la secreción ácida del estómago.
Tiene un marcado efecto diurético.
Es interesante saber que la rapidez con la que el cuerpo absorbe la cafeína es muy variable en función de la persona. De media, nuestro organismo absorbe la cafeína en un plazo de 3 horas aproximadamente pero este margen puede variar en función del consumo de alcohol, la toma de anticonceptivos o el embarazo.
Aunque se han atribuido a la cafeína una serie de efectos negativos sobre la salud, con los conocimientos científicos actuales, se puede afirmar rotundamente que el consumo moderado de café en las personas sanas, entre tres y cuatro tazas, en función del tipo de café, es perfectamente aceptable. Así, la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos ya clasificó en 1958 la cafeína como sustancia generalmente reconocida como segura y en 1987 reafirmó su posición en el sentido de que una ingesta normal de cafeína, del orden de 300 mg/día en los adultos sanos, no implica riesgos para la salud.
Sobre los beneficios de la aromática bebida se puede citar como ejemplo que:
En el cerebro y en el sistema nervioso el café influye inhibiendo las depresiones que concurren en adicciones al alcohol y las drogas. Promueve una mayor retención de memoria a corto plazo. Es recomendado en el tratamiento de Alzheimer.
Atenúa o elimina las jaquecas. Produce una mejora en el estado de ánimo por el aumento del nivel de endorfina.
En el corazón y en el sistema circulatorio hace que llegue a los músculos mayor cantidad de sangre oxigenada. Ayuda a movilizar los ácidos grasos que están en la sangre y los convierte en energía.
En el sistema respiratorio el consumo de café protege contra la enfermedad asmática. También abre las vías bronquiales porque relaja los músculos que lo rodean.
En el estómago y tracto digestivo favorece la producción de jugos salivares y gástricos además de estimular la secreción biliar.
El café no es responsable de que aparezca la acidez estomacal, ni es el principal causante, sin embargo puede agravar casos de úlcera y gastritis por lo que hay que tomar precauciones.
En el hígado reduce el riesgo de cirrosis entre consumidores de alcohol en un 80%. Reduce el riesgo de cálculos biliares.
En los riñones puede intensificar los indicadores de una baja de azúcar en la sangre y alertar a los pacientes diabéticos sobre el hecho de que están a punto de una hipoglucemia. Reduce en un 10% los cálculos de los riñones.
Y con respecto al cáncer el café neutraliza los químicos causantes del cáncer debido al proceso de tostado que duplica el contenido de polifenoles del café.
El café no es sólo cafeína contiene otras substancias como ácidos clorogénicos, sales, sales minerales, aminoácidos, lípidos, niacina y azúcares complejos.
Debemos tener presente algunos riesgos asociados al consumo del café. Muchos efectos notables del café están relacionados con su contenido en cafeína. Los riesgos del café descafeinado para la salud han sido estudiados, con resultados variantes. Una variable es el tipo de proceso de descafeinado empleado; mientras que algunos implican el uso de solventes orgánicos que pueden dejar trazas residuales, otros utilizan vapor. Sin embargo, estas preocupaciones no tienen casi ninguna base, pues los solventes en cuestión se evaporan a 80-90 °C, y los granos de café están ya descafeinados antes de proceder a su tostado, que tiene lugar a unos 200 °C. Así, estos productos químicos, llamados cloruro tricloroetano y diclorometano, están presentes en cantidades muy bajas, y ninguno de los dos supone una amenaza significativa.
El café también causa insomnio en algunas personas, mientras que paradójicamente ayuda a otras a tener un sueño más profundo. También puede causar ansiedad e irritabilidad, en personas con un consumo excesivo de café, e incluso retraimiento en otras.
También tiene efectos género-específicos, en algunas afectadas con síndrome premenstrual aumenta los síntomas, y puede reducir la fertilidad en mujeres. También puede aumentar el riesgo de osteoporosis en mujeres postmenopáusaicas.
Muchos bebedores de café están familiarizados con la condición nerviosa que ocurre cuando se toma demasiada cafeína. Se sabe, según los conocimientos científicos actuales, que el café actúa positivamente sobre el sistema cardiovascular, pero el mecanismo de acción sigue siendo desconocido; por otra parte, el café posee un efecto hipertensor, y se desaconseja su consumo a los pacientes afectados por graves desórdenes cardiovasculares o crónicos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que un reciente estudio sugiere un efecto antihipertensor de los granos de café verdes sobre un modelo animal de hipertensión.
Algunos estudio han mostrado una correlación entre grandes consumos de café y altos grados de exposición a otros factores de riesgos coronarios como fumar, consumo excesivo de alcohol y falta de ejercicio físico.
Como el té, el café también causa amarilleo en los dientes. La mejor forma de evitarlo es cepillarse los dientes después de cada toma de café.
El café esta contraindicado cuando se sufre de problemas estomacales como gastritis o ulcera, ni siquiera el descafeinado debe consumirse. Se desaconseja su ingesta cuando se padece Epilepsia por lo inconvenientes que trae el insomnio en estos casos. Si se presentan cuadros de Hipertensión es aconsejable tomar sólo café descafeinado.
Aunque se considera que el café no tiene prácticamente calorías, contiene distintos elementos energéticos: glúcidos, lípidos (sobre todo triglicéridos) y proteínas, además de elementos minerales (potasio y magnesio), vitaminas del grupo B y sobre todo la cafeína, sustancia con una composición semejante a la del ácido úrico que ejerce una serie de efectos estimulantes para nuestro organismo. Sin embargo, no contiene colesterol, dado que, como seguramente sabrá, el colesterol se encuentra tan sólo en las grasas de origen animal.
En cantidades moderadas no hay ningún problema en tomar café durante el embarazo. No obstante y dado que durante el embarazo suelen presentarse molestias digestivas (acidez, náuseas), se desaconseja el café así como otras bebidas con cafeína, por su efecto de incrementar la producción de ácido clorhídrico y pepsina en el estómago. De igual modo los cambios hormonales que tienen lugar en la mujer durante el embarazo son muchos y a su vez tienen efectos distintos en el cuerpo humano. El metabolismo de la cafeína está directamente influenciado por el estado hormonal de la mujer y en las mujeres embarazadas este proceso es mucho más lento por lo que la proporción de cafeína en la sangre se mantiene durante más tiempo. Por este motivo, se recomienda un consumo moderado de café siendo aconsejable que su médico le indique la cantidad de tazas de café que puede tomar al día. Durante el período de lactancia la cafeína puede pasar a la leche materna y en concentraciones excesivas podría producir insomnio e irritabilidad en los niños, sin embargo, tomar de 2 a 4 tazas diarias no representa ningún riesgo para la salud del lactante.
Respecto al cáncer, no existen pruebas concluyentes que demuestren que el consumo moderado de cafeína o café constituya un factor de riesgo para el desarrollo del cáncer en los humanos. Efectivamente, en 1997, la Fundación Mundial para la Investigación contra el Cáncer publicó un completo artículo de revisión sobre el cáncer y la dieta en el que se afirmaba que “la mayoría de las pruebas sugieren que el consumo regular de café y/o té no tiene ninguna relación significativa con el riesgo de cáncer en ningún aspecto”.
Los aplastantes resultados científicos en este sentido demuestran que el consumo moderado de café, alrededor de 3 tazas al día, es perfectamente aceptable para la mayoría de la población sana y que puede incluso tener beneficios para la salud.
Frente a determinadas enfermedades, el médico es la persona más adecuada para aconsejarle sobre su salud. Si no se tiene problemas de salud, dos o tres tazas de café al día son perfectamente toleradas por el organismo; lo importante, como en todo, es evitar los excesos.
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